La verdad nos hará libres
El valor más importante, y el más humano, es la Libertad. Pero ésta se puede perder gradualmente. Por eso admiro a los jóvenes de todos los estratos sociales que hoy salen a las calles a defenderla con alegría, entusiasmo, valor y respeto hacia sus conciudadanos—hemos visto casos aislados que reflejan lo contrario, pero no vale la pena mencionarlos.
Quienes pensaban que ésta era una generación apática han quedado sorprendidos ante la energía con la que nos recuerdan la importancia de la vida política y social de nuestro México.
Alrededor del mundo, los jóvenes de hoy transmiten un mensaje de inconformidad y descontento. La situación actual no es fácil para esta generación: el desempleo juvenil aumenta de manera preocupante a nivel global y México no es la excepción.
Pero la solución no es un estado benefactor. Por el contrario, la crisis global es resultado de políticas irresponsables y populistas que han arrasado con las oportunidades productivas de generaciones por venir. Tendremos que mantenernos atentos y denunciar las prácticas que quiebran al estado y destrozan las oportunidades de empleo de millones de jóvenes. La imposición gubernamental tampoco resuelve nada. La generación que hoy se manifiesta no lo vivió, pero los resultados de estas dos falsas soluciones ya los sufrimos en México.
Entiendo sus demandas y en su mayor parte las comparto: educación, libertad, veracidad, conectividad y una voz en la sociedad. Los estudiantes buscan un diálogo y una respuesta de las autoridades y de los medios. En lo que a mí corresponde les digo que estoy con los jóvenes que respetuosamente y con la alegría que los caracteriza comunican sus exigencias.
He dado instrucciones para que Azteca y Proyecto 40 hagan su mejor esfuerzo por llevar una cobertura balanceada de la actividad política en nuestro país. En todas nuestras cadenas tenemos distintos espacios noticiosos y de comentario político donde se analizan cuidadosamente todas las posturas.
Observo que hay políticos que expresan que “las televisoras imponen a sus candidatos”. Esta aseveración es totalmente falsa: intrínsecamente, en la ley y en los hechos.
Es falsa intrínsecamente porque los medios electrónicos, y específicamente las televisoras, no tenemos esa clase de poder sobre la conciencia nacional. Decir que las televisoras “imponen a sus candidatos” es equivalente a expresar que los ciudadanos no tienen capacidad de razonar su voto, y esto es falso en sí mismo—de hecho hay distintos estudios alrededor del mundo que han logrado refutar esta idea absurda. Éste es el tipo de razonamiento que pregonan los dictadores para minar la idea democrática y no puedo compartirlo –estoy seguro que en el fondo tampoco lo comparten los estudiantes. Curiosamente, este argumento es similar al que utilizan algunas personas para minimizar los movimientos universitarios: “son manipulados”, nos dicen.
La premisa es falsa en la ley porque en su aplicación los medios electrónicos son escrupulosamente auditados en su cobertura por las autoridades electorales e incluso por organismos de la sociedad civil para evitar un sesgo partidista. Finalmente, es falsa en los hechos, como se puede constatar en los mismos reportes de monitoreo mediático (hoy tenemos información muy precisa del tiempo que cada medio electrónico dedica a cada uno de los candidatos).
Pero además de falsa, esta aseveración está cargada de mala voluntad por parte de ciertos actores políticos hacia los medios electrónicos que se niegan a sesgar su cobertura hacia intereses particulares o a transmitir sus mensajes bajo condiciones inaceptables y nocivas para la sociedad. Esto es particularmente cierto cuando estos mismos mensajes políticos carecen de atractivo para la población. Esta misma voluntad la comparten quienes controlan algunos medios de escasa circulación que buscan minar la credibilidad de los medios electrónicos, con el fin de impulsar sus propios intereses comerciales.
Nuestras pantallas hoy están llenas de millones de spots políticos de mensaje hueco: la gente ya está harta del acoso de la clase política y con razón. Esta situación es resultado de una ley electoral ventajosa, pero al mismo tiempo contraproducente para quienes la promovieron.
Contrario a lo que mucha gente piensa, esos spots no fueron puestos en la pantalla por iniciativa de los medios electrónicos, fueron expropiados por la clase política bajo el argumento que operamos una concesión del Estado. Pero atención: nunca debemos confundir los intereses del Estado con los intereses de los partidos políticos, son distintos y en muchos sentidos contrapuestos.
Sobre el tema de “cadena nacional” para transmitir los debates políticos, les respondo categóricamente que, más allá de los intereses comerciales de los medios que presido, por una cuestión de principios no estoy de acuerdo: la gente tiene derecho a no ver el debate si así lo decide. Yo me pregunto, ¿en qué sentido abona a la democracia el cerrar las opciones a la audiencia?
Las transmisiones encadenadas nos remiten a tiempos obscuros de nuestra historia. La Libertad es el principio básico que debe guiar nuestras acciones –ya expresé en una entrada anterior mis razones con más detalle. Por otro lado, esta misma semana anuncié que el segundo debate lo transmitiremos por Azteca 13, nuestro canal de mayor cobertura.
También les recuerdo que, junto con la voluntad de los jóvenes de expresarse, los medios de comunicación constituyen la protección más efectiva que existe en contra de la dictadura y minar su credibilidad está en el interés de políticos autoritarios, como nos recuerda Paul Collier en uno de sus libros.
Finalmente, permítanme hacer tres recomendaciones para que su voz no pierda la fuerza y claridad con que se expresa: (1) mantengan escrupulosamente el respeto que han mostrado hacia otras personas y denuncien enérgicamente a quienes los inviten a usar la violencia o allanar los derechos de los demás, incluidos los candidatos; (2) mantengan una fiesta de pluralidad, escuchen a todas las voces y consideren todos los argumentos, nunca cierren su mente; y (3) desconfíen de los políticos que seguramente buscarán por todos los medios a su alcance apoderarse de su voz, sean imparciales y críticos. Si logran esto, su movimiento aportará mucho a la vida nacional.
Jóvenes universitarios: respeto su visión y admiro su valentía. Su movimiento imprime dinamismo a estos tiempos electorales y los candidatos tendrán que tomar nota, lo mismo debemos hacer los medios. Gracias por darnos esperanza en el futuro de México y por salir a las calles con entusiasmo, alegría y respeto a todos los puntos de vista. No puede haber libertad si no luchamos por la verdad. Ése es el valor fundamental que guía las acciones de Azteca y de Proyecto 40, pueden estar seguros de ello.