Ricardo Salinas Pliego

Ricardo Salinas Pliego es un empresario mexicano, Fundador y Presidente de Grupo Salinas. Es un hombre cuyas convicciones y pensamiento se reflejan claramente en su obra así como en sus actividades empresariales. Es un hombre de familia, forjado en el valor del trabajo, la tenacidad, el esfuerzo y la pasión para alcanzar los sueños. Se considera un optimista nato.
"Tenemos la obligación de imaginar un mejor futuro y después buscar la forma de llegar a él."
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Para la libertad

  • "La libertad no hace felices a los hombres; los hace, simplemente, hombres".

Manuel Azaña

Sergio Sarmiento

23 Septiembre 2010

Reforma

"Para que la libertad persista es necesario que haya seguridad". Esta reflexión la ofreció este martes en la Ciudad de México Felipe González, presidente del gobierno español de 1982 a 1996 considerado uno de los estadistas más importantes de las últimas décadas en el mundo.

El hecho de que el gobierno republicano español hubiese permitido el surgimiento de una ola de inseguridad, dijo González, fue uno de los pretextos para el levantamiento militar de 1936 que llevó a la sangrienta guerra civil española y al establecimiento de la dictadura de Francisco Franco.

El ex mandatario, quien recibió este 21 de septiembre el premio Una Vida por la Libertad que otorga Caminos de la Libertad (organización que presido), ofreció un discurso improvisado y emotivo en el que explicó también por qué un socialista como él se ha comprometido siempre con la causa de la libertad.

La trayectoria política de González empezó como un acto de rebeldía ante la dictadura y no como producto de un dogma político previo. No había en la Sevilla de los años sesenta organizaciones conservadoras que cuestionaran la dictadura.

La derecha, incluso la democrática, se sentía a gusto en la España de Franco. La izquierda, en cambio, era por naturaleza contestataria. Era inevitable, así, que el joven rebelde gravitara hacia las organizaciones de izquierda. González, sin embargo, desconfiaba de quienes rechazaban la dictadura franquista pero buscaban reemplazarla con autoritarismos de signo diferente. Por eso rechazó la posibilidad de unirse al Partido Comunista o a otras organizaciones de izquierda radical. Optó en cambio por el Partido Socialista Obrero Español que buscaba derrocar a la dictadura y construir una España con mayor equidad pero también con mayores libertades. No lo dijo en su presentación, pero es bien sabido que cuando González se convirtió en dirigente del PSOE exigió que la organización abandonara los resabios marxistas que todavía conservaba.

Cuando fue Presidente del gobierno español, González tuvo, en efecto, una gestión liberalizadora en lo económico. En ese periodo se eliminaron muchas de las restricciones que impedían a la economía española ser realmente competitiva, desde los controles de cambios hasta el aislamiento político y económico.

González impulsó decididamente la incorporación del país a la Comunidad Económica Europea. En lugar de las nacionalizaciones que había realizado previamente el gobierno socialista francés de Francois Mitterrand, González promovió la inversión privada y privatizó -sí, privatizó- las grandes empresas petroleras y de generación de electricidad que estaban en manos del gobierno.

González buscó promover la equidad, pero a través de un Estado propietario de medios de producción. Fortaleció el cobro de impuestos, que los ricos evadían de manera sistemática, e invirtió los recursos en infraestructura, escuelas y servicios sociales. Con el tiempo sus políticas se convirtieron en sinónimo del socialismo democrático o liberal, que es radicalmente distinto al de Hugo Chávez o Fidel Castro.

La advertencia que lanzó González este martes pasado, sin embargo, es demasiado cercana a nosotros como para no hacerle caso. La violencia es una amenaza directa a nuestras libertades. Lo fue en la España de los años treinta y lo es en el México de hoy. Si realmente queremos un país libre, es absolutamente indispensable acabar con la oleada de violencia.

UNAM

Si la Universidad Nacional no existiera, habría que inventarla. Pero eso no significa, como algunos pretenden, que sea perfecta. La UNAM es demasiado grande y burocrática. Hay que dar impulso a otras instituciones, especialmente en los estados, frente a este gigante. La UNAM debe además cobrar cuotas a aquellos alumnos que tienen la capacidad de pagar y absorber un menor porcentaje del gasto total de educación del país.